El oscuro móvil de la condena a Israel

02/Ene/2017

Deutsche Welle, Por Kersten Knipp

El oscuro móvil de la condena a Israel

La lista de los Estados que firmaron la
resolución de la ONU, alegando condenar la construcción de colonias judías en
los territorios palestinos ocupados, atiza dudas sobre los verdaderos motivos
detrás de esa moción.
Desde el 23 de diciembre, cuando se aprobó
la resolución 2334 en la Organización de las Naciones Unidas, el establishment
en Jerusalén y Tel Aviv no ha dejado de analizar los factores que propiciaron
el éxito de esa moción: ¿cómo es posible que, por primera vez desde 1979, el
Consejo de Seguridad de la ONU haya condenado la construcción de asentamientos
judíos en los territorios palestinos ocupados y exigido la suspensión inmediata
de ese proceso de expansión en Cisjordania y Jerusalén Oriental? Esa política
israelí, se argumentó en el texto de la resolución, carece de fundamento legal
y pone en riesgo la solución de dos Estados para el conflicto
palestino-israelí.
En Israel, el debate en torno a la decisión
del Consejo de Seguridad es conducido con una alta dosis de autocrítica.
«Si la construcción de asentamientos no se hubiera acelerado, si no le
hubiéramos prestado oídos a la retórica militante del actual Gobierno, si
Estados Unidos hubiera asumido otra postura en la ONU…” Así enumera Ben
Rhodes, consejero adjunto del presidente estadounidense Barack Obama en materia
de seguridad nacional y comunicaciones estratégicas, los remordimientos y
pesares de muchos israelíes. «La política del primer ministro Benjamin
Netanyahu conduce a Israel hacia el precipicio”, comentaba el diario
liberal de izquierda Haaretz. Este miércoles (28.12.216), por orden de
Netanyahu, fue suspendida una votación en la Alcaldía de Jerusalén sobre la
construcción de 618 viviendas en el este de esa ciudad, reportaron las agencias
de noticias.
…La política de los asentamientos, una y
otra vez
La política de construcción de
asentamientos de Israel es problemática. Sus fundamentos jurídicos son
controvertidos; Israel los cree legítimos, pero la ONU no comparte su
perspectiva del asunto. Cualquiera que pase alguna vez por Cisjordania se irá
con la impresión tangible de lo que significa la ocupación israelí para los
palestinos. Es más que evidente que esa política no puede durar. Y no se debe
cometer el error de percibir ni a los colonos fundamentalistas ni tampoco a
Hamas o a Fatah como los simpáticos representantes de sus Estados.
Firmantes sospechosos
No obstante, cuando uno repasa la lista de
los países que firmaron la resolución de la ONU, lo menos que ese texto puede
engendrar es extrañeza. Fue Egipto quien introdujo el proyecto de resolución,
aunque después la retiró. Egipto: un Estado que está en la mira desde hace años
por su sobresaliente récord negativo en materia de derechos humanos; que
encarcela a todo aquel que no comparta la visión del Gobierno,
independientemente de que sean políticos o periodistas; que emite sentencias de
muerte en procesos masivos… Y, según Amnistía Internacional, Egipto no es el
único de los firmantes donde el Estado de derecho se ha visto violentado. En la
Venezuela de Nicolás Maduro, por ejemplo, la oposición no es tratada
precisamente con guantes de seda. El Gobierno de Senegal restringe la libertad
de asociación y no muestra contemplación a la hora de arrestar a una persona
por ser homosexual, bisexual o transgénero. En Malasia, la libertad de
expresión y otros derechos civiles y políticos fundamentales se ven coartados
sin misericordia.
También asombra la indignación exhibida por
algunos de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, como
Rusia y China. Cuando se publican informes sobre la violación sistemática de
derechos humanos en el mundo, ambos tienen sus puestos asegurados en los
rankings. Y eso desde hace años. Durante meses, Rusia ha estado dejando caer sus
bombas sobre la población civil de Siria, ante todo sobre los sunitas que Moscú
dice querer defender de Israel en Palestina.
Con semejante respaldo, salta a la vista
por qué se dice que la resolución de la ONU tiene un serio problema de
credibilidad. Un problema que se agrava al tomar en cuenta que otro organismo
de las Naciones Unidas, la UNESCO, decidió catalogar indirectamente al Monte
del Templo de Jerusalén como un lugar sagrado eminentemente musulmán. En el
documento alusivo, la UNESCO se refiere a ese sitio como «el complejo de
la mezquita de al-Aqsa/al-Haram al-Sharif y su entorno”, como si este no
incluyera al Muro de los Lamentos, donde cientos de judíos rezan todos los
días. Pretender que con ello se busca dar realce a las reivindicaciones musulmanas
es algo que raya en el antisemitismo. No se puede descartar del todo que esa
línea roja ya haya sido franqueada.
El asunto se vuelve aún más espinoso al
considerar que el proyecto de resolución fue introducido con apoyo exclusivo de
Estados árabes, entre los que figuraron Argelia y el Líbano, dos de los países
que aún no reconocen al Estado de Israel. Qué malpensado quien
albergue suspicacias…
Cuidado con la elección de aliados
La crítica dirigida a la política de
asentamientos de Israel es legítima mientras se distancie claramente de la
animosidad antisemita y otros motivos oscuros, como el interés de ciertos
Gobiernos en distraer la atención de la propia política interior. Los reproches
contra la expansión de las colonias israelíes en los territorios ocupados sólo
son creíbles y aceptables si no provienen de ni respaldan a aquellos cuya
propia actuación se asemeja mucho a la que le echan en cara a Israel. No todos
los que hoy claman por frenar la erección de colonias judías en Cisjordania y
el este de Jerusalén son buena compañía, así que: mucho cuidado con la elección
de aliados…